Jueves 28, agosto 2008 
 
 
 

 

Jueves 09 de agosto de 2007. Núm. 68 
No Todo es Rosa
 
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Diversidad y tolerancia, reconsideradas
Eduardo García Gaspar

Sin duda hay modas intelectuales, simplificaciones que tratan de ser la solución universal de algo. Los reclamos de tolerancia a la diversidad son un ejemplo de esto y muestran la poderosa combinación de las medias verdades: hay algo de positivo en la tolerancia y en la diversidad, de ello no hay duda, pero no puede ser la solución integral de nuestros problemas.

La dificultad de criticar a la tolerancia y a la diversidad, además, es que quien lo hace de inmediato suele ser acusado de intolerante y racista, cuando quizá todo lo que quiere es saber más al respecto. Y eso precisamente es lo que tiene una investigación reportada recientemente por Michael Jonas en el International Herald Tribune (5 agosto).

Lo que la investigación muestra es sorprendente. Cuando más diversa es la comunidad en ella hay más abstencionismo, menos trabajos voluntarios, menos acciones de caridad, menos trabajo en proyectos comunes, menos confianza en los vecinos. La diversidad, al parecer, produce menos interés de las personas en los asuntos de interés común, es decir, la tolerancia hacia esa diversidad puede estar creando desinterés e indiferencia.

La diversidad, como quiera que se defina, ha sido exaltada y alabada sin límites, aduciendo el enriquecimiento cultural que ella produce, incluso hasta en los aspectos culinarios. Sin duda hay verdad en esto, pero no todo es color de rosa. Al parecer la diversidad también tiene sus problemas según ese estudio de Robert Putnam, quien por cierto es partidario de la diversidad.

Visto en general, esto muestra a la vida real tan llena de problemas y enredos. La sociedad es una entidad compleja, llena de embrollos e interacciones que son difíciles de entender. Abrazar incondicionalmente alguna idea, como la de la diversidad y la tolerancia, podrá ser políticamente correcto, pero ignora esa complejidad. La diversidad, tan alabada, puede tener efectos dañinos.

Si la diversidad lastima la formación de redes sociales espontáneas y de organización libre, las comunidades sufren: menos seguridad, menos salud, menos participación, más agitadas reclamando reformas sociales. Al menos eso señala ese estudio de 41 comunidades en los EEUU y es lo opuesto a lo que esperan de la diversidad sus proponentes y enemigos.

Unos dicen que la diversidad ayuda a la gente a comprenderse mutuamente. Otros que la diversidad crispa los ánimos de las personas.

En el estudio, nada de eso sucede: simplemente se ignoran entre sí... aunque al parecer, producen algo bueno: más productividad y creatividad en el trabajo, según reporta Jonas.

Varias cosas pueden verse en todo esto.

La primera es sencilla: demasiado simple resulta retozar como niño alegre hablando de las bondades de la diversidad y la tolerancia; las cosas son demasiado complejas para eso.

Tampoco, el encontrar algo negativo en esas dos ideas debe ser ocasión de lo opuesto, saltar de felicidad para afirmar que efectivamente la mezcla de culturas y razas es mala.

Tercero: debemos entender que la sociedad es muy compleja para ser comprendida por medio de simplezas como la lucha de clases, la diversidad y otras ideas. La sociedad está formada por seres individuales y cada uno de nosotros actúa por su cuenta produciendo resultados sorprendentes e inesperados.

En cuarto lugar, quizá la tolerancia tan admirada y ensalzada nos lleve a efectos indeseables no previstos: la indiferencia ante otros con quienes no concuerdo y no tengo nada en común. A quien se pida respetar a otros puede trasladar su respeto a la inacción. Cada quien va por su lado tolerando a los demás, pero perdiendo la oportunidad de relacionarse.

Y por último: comprender que nuestro deber es el saber más y que para hacerlo es inevitable poner en tela de juicio a nociones como las de diversidad y tolerancia. Hacer eso no significa estar en contra de esas ideas, sino quizá todo lo contrario. Apoyar esas ideas haciendo caso omiso de la complejidad humana es tan dañino para ellas, como el oponerse, seguramente más.

Post Scriptum
En julio de 2008 fue recibido un correo que decía,
Este correo es simplemente para darle las gracias por su artículo... no todo es rosa. En este artículo me he visto reconfortado al ver que mis puntos de vista coinciden con los de otras personas y que no por tenar la opinión que tengo sobre la inmigración y la multiculturalidad me hace racista ni mucho menos, pero desgraciadamente me han insultado con este tipo de calificativos al, simplemente, opinar del mismo modo que usted expone en dicho artículo. Gracias de nuevo por hacerme sentir bien conmigo mismo en este tema.


Una Segunda Opinión data de enero de 2002 y es publicada en  algunos periódicos mexicanos.
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