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Miércoles 29 de marzo de 2006. Núm. 51 
Influencia del mercantilismo
 
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Una explicación de la situación en AL
Pobreza y falta de renovación.

ContraPeso.info presenta un ensayo de Enrique Ghersi, publicado originalmente por el Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad, de Venezuela. El gran tema es el mercantilismo y su influencia en la región latinoamericana. El ensayo completo en su versión original con notas puede ser encontrado aquí.

Enrique Ghersi, dice la introducción, es uno de los analistas más agudos de los fenómenos socio económicos de nuestro Continente. Coautor con Hernando de Soto de “El Otro Sendero”, se ha destacado igualmente en el mundo político peruano. Sus agudas observaciones sobre la naturaleza mercantilista de las economías latinoamericanas contemporáneas, esbozadas por primera vez hace mas de 15 años en “El Otro Sendero” tienen aún la misma vigencia y pertinencia, como lo demuestra este trabajo.

El mercantilismo, continúa esa introducción original, fue una suerte de etapa puente histórica entre el mundo medieval y el capitalismo moderno al que dio pie la Revolución Industrial. Fue, si se quiere, la herramienta económica de la que se valieron los reyes para la consolidación de los estado-naciones europeos. Según nos hace ver Enrique Ghersi, en América Latina esa evolución se estancó, y el mercantilismo, basado ya no en el Derecho Divino de Reyes sino en la acción voluntariosa de Estados todopoderosos nos acompaña aún. Esta realidad explica porqué muchas de las reformas que se han intentado con el propósito de modernizar nuestras sociedades ha fracasado, al ser estas propiamente mercantilistas, y no capitalistas como algunos pudieran pensar.



EL ORIGEN MERCANTILISTA DE LAS INSTITUCIONES EN AMERICA LATINA
El presente artículo tiene por propósito sugerir, siguiendo a Ronald Coase y Douglas North —ambos ganadores del Premio Nóbel de Economía— que la estructura institucional de un país no es indiferente al resultado económico del mismo y, por consiguiente, el carácter mercantilista de la economía peruana tiene relación directa con el subdesarrollo del país.

Para el efecto, empezaremos con una breve reseña acerca de la economía mercantilista y concluiremos presentando como hipótesis de trabajo que determinadas características de nuestro sistema jurídico son sus consecuencias lógicas.

La economía mercantilista y el estado de derecho
En términos generales la teoría económica sugiere que existen dos tipos de capitalismo. El capitalismo antidemocrático, donde la propiedad y la empresa privada son un privilegio, donde no existe competencia y, por consiguiente, los ciudadanos no tienen derechos sino concesiones graciosas de la autoridad estatal. En él, por cierto, no existe un estado de derecho en el sentido de una ley que pueda limitar el poder. Este capitalismo antidemocrático recibe en la historia económica, el nombre de mercantilismo.

Frente al mercantilismo existe un tipo de capitalismo democrático, según el decir de Michael Novak... en el que los individuos tienen derechos —por ejemplo la propiedad privada, o la empresa privada— y donde la competencia es una obligación social: se compite porque conviene a la sociedad que se compita. Este capitalismo democrático, generalmente es denominado por la historia económica como economía de mercado y es una etapa de desarrollo posterior del mercantilismo.

Así, por ejemplo, Max Weber dice que: “Todo lo que existió antes del siglo XVIII fueron diversas clases de un capitalismo de tipo irracional... la política exterior descansa en el principio de aventajar al adversario, comprándole lo más barato posible y vendiéndole lo más caro que se pueda. La finalidad más alta consiste en robustecer hacia el exterior el poderío del Estado... ”.

La historia económica del capitalismo es en realidad la historia de pasar de la economía mercantilista, del capitalismo antidemocrático, a la economía de mercado, al capitalismo democrático. El elemento central que marca la diferencia institucional entre los dos sistemas, es la existencia de un estado de derecho.

En efecto, la economía mercantilista estuvo sometida al arbitrio del poder, no a la estabilidad de las normas jurídicas. Se podría decir que regía una ley, pero divorciada de la realidad, al punto de que en lugar de estado de derecho existía un estado de legalidad.

Cuando la política y el poder gubernamental intervienen la economía se produce, lo que Adam Smith había señalado: “El comercio y las manufacturas pocas veces pueden florecer durante mucho tiempo en un estado que no disfrute de una ordenada administración de justicia, donde el pueblo no se sienta seguro de la posesión de sus propiedades, en el que el cumplimiento de los contratos no sea amparado por la ley y en el que su autoridad no se ocupe de forma permanente en obligar a que paguen sus deudas todas aquellas personas que se hallan en condiciones de hacerlo... el comercio y las manufacturas pocas veces pueden florecer en un estado donde no haya cierto grado de confianza en la justicia del gobierno”.

El estado de derecho sólo existe en la economía de mercado. Es un mecanismo por el cual el derecho limita el poder, creando una esfera en la que cada uno de los individuos goza de determinados derechos subjetivos quele permiten desenvolver su personalidad, desarrollar su actividad y disfrutar de los beneficios de su trabajo. Esta es la concepción básica de la libertad bajo la ley, “la que limita la libertad de cada uno para garantizar la misma libertad de todos”.

En la economía mercantilista no existe un estado de derecho. Por cierto, se puede decir que en todas partes existe un derecho. Nominalmente sí. Hay leyes, pero un estado de legalidad no es un estado de derecho. Tal y como señala Hayek: “... el Imperio de la ley presupone, desde luego completa legalidad, pero sin que ello sea suficiente. Si una ley concede al gobierno poder ilimitado para actuar a su gusto y sazón, todas sus acciones serían legales, pero no encajarán ciertamente dentro del estado de derecho...”.

A diferencia del estado de derecho, en el estado de legalidad la ley no limita el poder, lo refleja. En el estado de legalidad, la ley es un instrumento de control social. Un instrumento de dominio. Un instrumento de regulación de la autoridad sobre el cuerpo social. La ley en el estado de derecho, por el contrario, no es un instrumento de control social. Es un límite del poder. Es una clara ratificación de la esfera de acción del derecho individual frente a la prevaleciente actitud de los poderes estatales. Diferente a la existencia de un monopolio de la fuerza que es controlado por esa autoridad.

La historia
En general si examinamos la historia económica de occidente, tenemos que la economía mercantilista tuvo un gran florecimiento en Europa durante el siglo XVI, XVII y buena parte del XVIII. Este florecimiento fue más o menos dispar. Se considera que su origen está en la Edad Media en los Países Bajos. De ahí el mercantilismo logra extenderse por toda Europa y tener un desarrollo desigual muy vivo y floreciente, hasta que entra en crisis en diferentes momentos y en diferentes países. Esta crisis esencialmente empieza a producirse a raíz de la revolución industrial y con desenlaces más o menos violentos, más o menos pacíficos, dependiendo del país en donde se produce.

La historia original del mercantilismo es fascinante, porque constituye la etapa inicial del desarrollo del capitalismo. Tiene para su época importantes avances y grandes contribuciones. Así por entonces se dio nacimiento a las patentes, en los Países Bajos, y en la Liga Hanseática, a las modernas corporaciones. En el norte de Italia, por su parte, el mercantilismo dio el nacimiento a la banca. Los renacentistas practicaban una política mercantilista. Era el estado el privilegiado por la actividad económica de la que ellos eran los actores principales y de esa forma tenían un rendimiento, una participación significativa y creciente.

La era mercantilista floreció también en España a partir del siglo XVI. Esta fue una potencia predominante en el mundo por entonces. Curiosamente en el siglo XVI, España y los Países Bajos estaban reunidos en una sola corona, eso tiene mucho que ver con nuestra historia en la América indiana, porque es una parte que resaltamos poco en nuestros libros de historia.

En el XVI en que España tuvo una presencia predominante en el mundo Europeo, la riqueza era entendida como la acumulación de metales. Según los mercantilistas, la riqueza está en el comercio exterior (en alentar la exportación y dificultar la importación); en impedir la salida de capitales (de metales) así como prohibir el lujo y alentar la industria local, dándole privilegios y protección.

Siendo que la España de Carlos I, era la más rica desde el punto de vista de la acumulación de los metales, habida cuenta las minas de plata y oro del Perú y de México, España teóricamente era el país más rico sobre la faz de la tierra, no obstante, ocurrió algo completamente distinto, se produjo una gran inflación en España. Esto condujo sobre todo en el gobierno del hijo de Carlos I, Felipe II, a una crisis económica de gran envergadura, que fue seguida de un intenso debate intelectual y académico: no había explicación dentro de la doctrina mercantilista para la inflación porque, si como creían los mercantilistas, el valor era objetivo y la riqueza se medía por la cantidad de metales, por qué España, que tenía más metales que nunca en su historia, en lugar de ser rica era pobre. Porque había una gran inflación, en una sociedad que además de las minas de plata de Bohemia, había recibido el inmenso aporte del Nuevo Mundo.

Curiosamente fue un grupo intelectual de la Universidad de Salamanca, la Escuela Neoescolástica, quien contribuyó a esclarecer el problema, y sostuvo por primera vez en la historia, en primer lugar, que el valor no era objetivo sino subjetivo: el valor no era un atributo de la cosa el valor era una atribución del agente económico que llevaba la cosa; y en segundo lugar, sostuvo por primera vez la teoría cuantitativa de la moneda como una explicación al fenómeno de la inflación, asimilando la moneda a un bien más que se encuentra en el mercado sosteniendo la tesis de que abundando monedas sin un incremento correlativo en la cantidad de bienes que se encuentran en una sociedad, el valor de la moneda, es decir su capacidad adquisitiva, disminuía en lugar de incrementarse. De manera que el monetarismo no es un invento de Milton Friedman sino de los neoescolásticos salmantinos en el siglo XVI.

En España la tradición mercantilista es, pues, de larga data. Tuvo su cénit en el siglo XVII, cuando ya la decadencia se hacía notar en el mismo, con lo que la historia económica ha venido a denominar arbitrismo.

En efecto, los arbitristas españoles fueron un conjunto de autores cuya preocupación central fue la hacienda pública y la forma cómo incrementar los ingresos reales. En general, sus propuestas consistían en proponer la venta de privilegios reales a cambio del pago de sus deudas para el efecto por parte de los particulares así beneficiados.

El nombre de arbitristas tiene un origen curioso, pues según la historiadora Margarita Cuartas, deriva del arbitrio real. En esa época, la corona requería importantes recursos económicos para solventar las guerras en Flandes. Como la corona no contaba necesariamente con el apoyo de las cortes castellanas ni aragonesas para el efecto, buscó ganar recurso directamente en base a su autoridad: a la voluntad o arbitrio del Rey. Luego, quienes se dedicaron al estudio de la hacienda pública o a buscar privilegios fueron rápidamente denominados como arbitristas. El término, sin embargo, rápidamente adquirió carácter despectivo. De seguro ser arbitrista significó algo así como ser experto en el favor real.

En mi concepto es a través de las arbitristas españoles que el mercantilismo se instala sólidamente en Latinoamérica. Hasta hoy, la concepción más difundida de hacienda pública de nuestros países es la de los arbitristas: cubrir el gasto público y el déficit presupuestal con medidas fiscales extraordinarias fruto del “arbitrio” de la autoridad. Pero la influencia arbitrista es todavía mayor, pues se expresa, además, en el argumento moral.

Si a Luis de Ortiz o a Gonzáles de Cellorigo les preocupó, al extremo, la decadencia de Castilla; a los modernos economistas hispanoamericanos les preocupa la decadencia de sus respectivos países. Por ejemplo, los embarga la idea de que el pasado precolombino fue mejor y que el final empieza cuando la conquista española sojuzga al continente. Derivaciones más modernas del mismo concepto —finalmente una traspolación mutatis mutandi del argumento arbitrista son el indigenismo, el comunitarismo y el socialismo andino. Inclusive, está implícito en una frase tan famosa como la de Zavalita en Conversación en la Catedral de Mario Vargas Llosa cuando se pregunta “¿cuándo se jodió el Perú?”.

El mercantilismo fue una época de gran actividad económica y de profunda reflexión teórica, pero en ambos casos el mercantilismo europeo se caracteriza por ser un capitalismo no democrático ni participativo, es un capitalismo en el cual sólo pueden tener propiedad privada los nobles, los amigos de la autoridad. Sólo pueden hacer empresa aquellos a quienes el Rey les da el privilegio. En España en la época mercantilista, para hacer una empresa se necesitaba una carta real; en Inglaterra igualmente, la carta de privilegio. Sólo era posible hacer una empresa, hacer una corporación, una sociedad autorizada por patente especifica de la corona en España. Inglaterra, Francia, las repúblicas italianas, cualquier persona no podía hacer una empresa. Se requería un privilegio del estado, expresamente extendido para hacerlo.

Algunos ejemplos lo prueban: La conquista de América fue un proceso llevado a cabo un proceso de descubrimiento y conquista por la empresa privada. Pizarro, Cortés, Alvarado, fueron empresarios privados, que pusieron su espada al servicio del rey, financiaron y levantaron fondos entre empresarios de aquí sobre todo en Panamá y en Cuba con España y obtuvieron del Rey una licencia llamada Capitulación, que les permitió descubrir, conquistar y quedarse con una parte del beneficio, compartiéndolo con la corona. Inclusive los Welser, banqueros alemanes que financiaron a Carlos I en su aventura imperial, participaron de la colonización de Venezuela.

Ello lleva al más importante proceso de conquista y colonización de la historia del mundo, es el proceso de conquista y colonización de América que fue hecho por un mecanismo de empresa privada y concesión privada. Claro, no era una empresa democrática, no cualquiera lo podía hacer, algún determinado número de gente lo pudo hacer. Pero el Rey se aburrió muy rápido: Felipe II le cortó la cabeza a la mayoría de los conquistadores, porque ese mecanismo de empresa privada y de empresario privado, era más o menos independiente y no le gustaba, por eso de raíz se encargó de darle los principales líderes de los conquistadores, uno por uno.

El único que sobrevivió fue Hernán Cortez porque renuncia al poder, renuncia a la autoridad y se regresa a España a vivir del dinero que consigue. Los conquistadores de Sudamérica fueron todos ejecutados por el Rey, directamente o indirectamente pues, algunos se pelean entre ellos, pero posteriormente son ejecutados, por el Rey. Hubo pues un proceso de centralización dirigido a establecer la autoridad de la corona.

Lo mismo sucede en Inglaterra donde se lleva a cabo, por ejemplo, el proceso del descubrimiento de Norte América, exactamente igual que Sudamérica. El rey inglés concede capitulaciones, patentes denominadas de esta forma, en el derecho británico, para permitir el descubrimiento, la colonización y la explotación económica de determinadas áreas. En el caso inglés el asunto fue más complejo, porque las guerras de religión hicieron que algunas colonias, fueran de una religión o de otra, según el rey fuera protestante o católico. Así cuando los protestantes estaban en el poder en Inglaterra, los católicos fundan Maryland. Pero cuando estaban en el poder los católicos, son los protestantes los que huyen. Virginia, la tierra de la Reina Virgen, es fundada en honor a Isabel I, es una colonia protestante. Posteriormente, en el tiempo de Cronwell los cuáqueros huyen y fundan, por ejemplo, Pennsylvania, que era de propiedad de William Penn, un cuáquero multimillonario que la compra a la corona británica, para que sus correligionarios, que estaban siendo perseguidos, puedan huir e instalarse en una tierra de condición libre a diferencia de la autoritaria, pero todo a través de una negociación con la corona previo pago de algún tipo de estipendio y la permanente cesión de impuestos a la autoridad.

La colonización de la India es semejante. La compañía de las Indias Occidentales y la compañía de las Indias Orientales tienen en la historia británica una gran presencia e importancia. Sir Walter Raleigh el fundador de la industria del tabaco, amante de la reina Isabel I y posteriormente ejecutado por ella misma, fue un gran empresario en su época. Se dedicó precisamente a este tipo de negocios. La economía mercantilista en ese entonces era un negocio con el estado. El estado da la autorización para desarrollar una idea y compartir con él, el negocio. En realidad, el individuo no tiene derecho a nada. El gobierno concede un privilegio a quien quiere.

(sigue)

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