Introducción
Se propone, como filosofía de ContraPeso.info, al Equilibrio del Poder como un principio lógico que explica las causas y razones del bienestar general, el bien común y la felicidad personal; el Equilibrio del Poder es contrario a las ideas políticas que llaman a la concentración del poder que así se corrompe y desvirtúa (Trenchard, John y Gordon, Thomas,
Cato´s Letters or Essays on Liberty, Civil and Religious, and Other Important Subjects, Vol. 1, Liberty Fund, 1995).
El Equilibrio del Poder no es un valor a defender, sino sólo una herramienta explicativa que permite entender mejor el funcionamiento de la libertad, la que sí es un valor a defender en sí misma. Esto debe sernos muy claro, pues al igual que la democracia, el Equilibrio del Poder puede ser confundido con el gran valor que debe ser sostenido; esto es un error.
La defensa y promoción de ideas como la de la democracia o el Equilibrio del Poder son en realidad la defensa y promoción del gran valor que esas ideas tienen en su fundamento y que es la libertad.
En este ensayo se argumenta que la cultura de una sociedad es quizá la causa que más influye en las probabilidades de prosperidad de un conjunto de personas.
No hay varas mágicas
Lo primero que es necesario hacer es reconocer que el Equilibrio del Poder no es una receta con alguna dosis de magia, que este principio no puede funcionar por sí mismo como si se tratara de un sistema que se instala en una computadora sin nada más que hacer que apretar teclas y botones para hacerlo funcionar esperando una elevación automática del bienestar social.
La imperfección humana basta para demostrarlo. Simplemente no puede esperarse que el Equilibrio del Poder dé resultados allí donde la cultura, la moral y las costumbres sean erróneas. Para explorar este tema con una profundidad mayor, llamaremos
Condiciones a la enorme serie de limitantes que tienen los hombres en sus actos dentro de una sociedad y examinaremos el impacto de esas Condiciones en la consecución del bienestar general.
Por ejemplo, una Condición como el machismo tiene consecuencias en el logro del bienestar, pues por ella se hacen difíciles o imposibles las contribuciones de las mujeres a la sociedad; si todo lo demás permaneciera constante, la sociedad machista progresaría menos que otra sociedad en la que la mujer fuera considerada igual al hombre, sencillamente por el hecho de que la suma de las aportaciones individuales sería mayor allí donde la mujer tiene capacidad de contribución.
Podemos aceptar sin problema que en toda sociedad existen como dadas una serie de Condiciones que modulan, limitan y dan sentido a las conductas individuales de sus ciudadanos. Estas Condiciones son un complejo conjunto de leyes, valores, moral, costumbres, religión, usos, prácticas, herencias, que imponen limitaciones en las conductas personales.
Estas Condiciones son algo como cultura, una serie de rasgos que hacen diferente a una sociedad de otra, desde el tipo de comida hasta la religión, pasando por el sistema gubernamental y la manera de hacer negocios. Por primitiva que sea, toda sociedad tiene Condiciones y ellas son frenos, limitantes, motivantes y explicaciones de la acción humana en las sociedades.
Aceptar que toda sociedad tiene Condiciones implica reconocer varias ideas previas que explican la existencia de esas Condiciones. Examinemos algunas de esas ideas.
Una o más formas de poner orden
Primero, la acción humana tiene tantas opciones y alternativas que requiere de algún sistema que le imponga un orden y un sentido de manera que esa sociedad sea de alguna manera estable en el tiempo; sin Condiciones habría caos y fragilidad, la existencia de esa sociedad sería un imposible cuando cada uno de sus miembros actuara aleatoriamente.
Segundo, algunas de esas Condiciones son más congruentes con el Equilibrio del Poder que otras, es decir,
existen Condiciones que están más lógicamente asociadas con la concentración del poder y Condiciones que son más cercanas a la distribución del poder (Harrison, Lawrence E.,
Underdevelopment is a State of Mind, the Latin American Case, chapter 1, What makes development happen?, Madison Books, 1985, pp. 1-9, 116).
Por ejemplo, en una sociedad se tienen explicaciones sobrenaturales de los sucesos cotidianos, creyendo que los acontecimientos del mundo son obra y razón de fuerzas desconocidas fuera del control y de la razón humanos; allí se cree en la suerte, en la influencia de los astros, en el destino escrito para cada ser humano, lo que da origen al uso de amuletos, a estrictas ceremonias religiosas, incluso a sacrificios de animales y otros actos destinados a atraer la buena suerte. Estas son Condiciones de esa sociedad quizá originadas en la idea central de un ser humano débil y poco poderoso que sólo puede intentar agradas a esas desconocidas fuerzas sobrenaturales que todo lo dominan.
Pero estas Condiciones, además, tienen un impacto en el Equilibrio del Poder, pues muy seguramente una sociedad así tenderá a poseer un gobierno concentrado, formado por quienes dicen poseer la clave y los secretos de esas desconocidas y caprichosas fuerzas sobrenaturales; el resto de los hombres, por estas Condiciones, se sentirán impotentes y débiles, incapaces de hacer contribuciones y aportaciones a la sociedad, que no sean las iniciativas de los gobernantes.
Por el contrario, la sociedad en la que predominen Condiciones que hacen pensar en un mundo real y capaz de ser entendido, tendrá una distribución de poder más homogénea y por eso sus miembros tendrán más posibilidades de hacer mayores contribución que ésos que habitan donde sus actos se creen limitados por fuerzas incomprensibles. Esta creencia en fuerzas sobrenaturales, fuera del control humano, es uno de los muchos ejemplos que pueden darse de las Condiciones que se dan en una sociedad, que alteran el Equilibrio del Poder, y que por consiguiente modifican las probabilidades de bienestar general.
Toda sociedad vive bajo Condiciones, las que sean, y existen Condiciones que son más congruentes con el Equilibrio del Poder que otras. Las Condiciones, por ejemplo, de las sociedades Inca y Azteca fueron notablemente contrarias al principio del Equilibrio del Poder; mientras que las Condiciones de las sociedades europeas del Renacimiento fueron mucho más congruentes con el Equilibrio del Poder.
Existen Condiciones porque los humanos necesitamos un sentido de vida, algo que explique y dé dirección a nuestros actos; no importa qué tan complejo ni qué tan primitivo es ese algo, lo requerimos. Todas esas Condiciones que son leyes, valores, mandamientos, creencias, costumbres, prácticas y usos, tienen en última instancia la función de una brújula. Son algo así como las señales de la dirección del navegante que quiere llegar a puerto y, sin ellas, pierde sin remedio el rumbo.
Las Condiciones de cada sociedad, manifestadas de mil diversas maneras, posiblemente puedan explicarse en algunas pocas creencias que son la fuente de esas manifestaciones. Son también el cúmulo de experiencias acumuladas de generaciones con individuos que hicieron aportaciones infinitesimales a ellas.
Por ejemplo, una sociedad en la que la concepción del mundo es una de resignación y renuncia personal posiblemente cree costumbres como una alimentación de preparación primitiva y vestimentas sencillas; mientras que una sociedad en la que el humano sea visto como un co-creador del mundo posiblemente dé lugar a costumbres arraigadas de comercio y estudio. Esas ideas centrales, de las que quizá muy pocos tengan plena conciencia, son la fuente de la que nacen leyes, normas, usos y costumbres que se alimentan entre sí para arraigarse y, sin intención expresa tener efectos en las posibilidades de bienestar general.
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