Lunes 12, mayo 2008 
 
 
 

 

Sábado 23 de febrero de 2008. Núm. 74 
Los Tres Elementos
 
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Libertad, razón, amor

El siguiente es un resumen de un más largo ensayo, encontrado abajo en PDF (350 KB), titulado Libertad, Razón y Amor, son Inseparables. La tesis central establece que la libertad, la razón y el amor forman un elemento único en sí mismo y que uno no puede existir sin los otros dos, so pena de crear una existencia terrible para los seres humanos: gracias a la libertad podemos realizar decisiones, gracias a la razón podemos reflexionar, analizar y aprender de nuestras acciones, y gracias al amor podemos guiar esas acciones.  La libertad, por tanto, tiene como instrumento a la razón y ésta tiene como guía al amor. Gracias a la libertad podemos elegir, gracias a la razón podemos aprender de acciones propias y ajenas, y gracias al amor podemos guiar esas acciones y elecciones. La libertad, quiero dejarlo claro, tiene como instrumento a la razón y ésta tiene como guía al amor.

Propongo aceptar que los humanos somos libres y que tenemos la capacidad de razonar, lo que la experiencia nos demuestra mil veces al día. Una consecuencia de esta realidad es la singularidad de cada ser humano, tan distintos entre sí, que somos únicos e irrepetibles.

Con aún mayor importancia propongo aceptar que la libertad y la razón van juntas y que una sin la otra no tienen sentido. Sin razón pero libres, no sabríamos siquiera que somos libres; nuestra vida seria una serie de acciones al azar, sin orden ni concierto. Sin libertad, nuestra razón viviría una existencia cruel por no poder realizarse. Si aceptamos que somos seres libres necesariamente deberemos aceptar que somos racionales; la mera idea de saberse libres supone la existencia del poder de razonar. Poder decir que soy libre es igual a decir que pienso; y esto es lo que me hace proponer, hasta este momento, que la esencia humana está formada por el conjunto indivisible de libertad y razón.

Posteriormente introduzco un elemento adicional, la realidad de nuestra vida en sociedad, en contacto continuo con otras personas que poseen esa misma esencia de libertad y razón. Esta realidad cotidiana nos obliga a aceptar la idea de que somos diferentes en nuestras características, pero iguales en nuestra esencia; la sociedad brinda la oportunidad de complementarnos unos con otros, de necesitarnos unos a otros, en relaciones de mutua dependencia, que requieren reglas de comportamiento. Esas reglas necesariamente deben estar basadas en la esencia humana, de libertad y razón.

Concretamente escribo que si reconocemos que la libertad es imposible sin la razón y que la razón es inútil sin la libertad, y que ambas son parte de la naturaleza humana, no queda más que reconocer que la sociedad en la que vive el ser humano debe ser respetuosa de ellas dos, de la libertad y de la razón. No puede ignorarse a una en beneficio de la otra; tampoco puede impedirse su uso en algunos seres humanos y en otros permitirlo. Peor aún, si ello se realizara, la sociedad sufriría de la falta de contribución al bienestar general de esos que no son libres o se les impide usar la razón.

Lo que la afirmación anterior implica es una relación causal entre esencia humana y bien común, o como quiera llamarse al bienestar y a la felicidad personal. Si los seres humanos son dejados libres y así son capaces de usar su razón lo que necesariamente viene a la larga es el bienestar; desde luego, debe aceptarse la posibilidad de situaciones negativas, de retrocesos, crisis y marchas hacia atrás, pero al mismo tiempo es cierto que en el muy largo plazo debe verse un panorama positivo. Una prueba de esto se encuentra en los mejores estándares de vida de las democracias con relación a los regímenes cerrados que ponen severos límites a la libertad humana.

Visto de otra manera, podemos concluir que existen arreglos sociales que son congruentes con la esencia humana y que hay otros que no lo son; muy posiblemente sea esto una función continua más que una dicotomía. Basado en esto repito la idea de que es posible cometer un error grave, el de defender a la democracia como el más alto valor, cuando ella es sólo un medio, pues el valor verdadero es la esencia humana, su libertad y su razón. Como ya indicó Lord Acton, un demócrata puede cometer errores en su pensamiento que no comete un defensor de la libertad, todo por no reconocer cuál es el máximo valor a defender.

Esta es una visión de la sociedad humana que se entiende como formada por seres con potencial para hacer contribuciones positivas cuyo origen está en su libertad y su razón. Es una sociedad en movimiento ininterrumpido, cuyas circunstancias cambian debido en última instancia a la esencia humana de libertad y razón. Al aceptar esto, no hay más remedio que aceptar también la posibilidad de regímenes sociales de diferentes tipos, en una clasificación dependiente de su respeto a esa esencia, es decir, de respeto a la libertad.

Conforme más se respete la libertad, más será posible el uso de la razón de quienes forman una sociedad y eso hace posibles más contribuciones al bienestar general si se actúa dentro de un código de reglas; y viceversa, las contribuciones al bienestar serán menores conforme se reduzca la libertad de las personas en esa sociedad. Esta, pienso, es la razón más poderosa para negar la conveniencia y la legitimidad de regímenes sociales al estilo del socialismo y el intervencionismo estatal; el control gubernamental de las actividades de esos regímenes está en contra de la esencia humana como la he definido hasta ahora. Sí, las dictaduras, del signo que sean son contrarios a la esencia humana y necesariamente conducen a menores índices de bienestar.

A la combinación de libertad y razón añado luego otro elemento, el amor, proponiendo que los tres fueran considerados como esencia humana, sin posibilidad de ser separados. Esto lo justifico dada la consecuencia de esa esencia tripartita; vivimos en sociedad, tenemos tratos con quienes nos rodean e incluso con nosotros mismos dado que somos libres y tenemos capacidad para razonar. Si somos libres, si tenemos razón, se sigue, creo, la necesidad de ese tercer elemento como guía de nuestros tratos con otro seres de igual esencia y de los tratos conmigo mismo. Esto equivale a ver en el amor la clave de las reglas de la libertad.

La introducción del amor como el tercer elemento de la esencia humana, imposible de ser separado de la libertad y de la razón, está fundamentado en la necesidad de reglas que nos permitan el aprovechamiento de la libertad y la razón. Como principio esencial, el amor es la fuente última de las reglas que permiten la existencia de la libertad y, por consiguiente, de la razón. El amor posee un poderoso valor para explicar a los actos humanos y poderlos evaluar.

Considero al elemento amor como capaz de explicar la bondad de leyes, costumbres, virtudes y valores. En su primer nivel, el más básico, el amor indica la conveniencia de no lastimar a los demás, de no hacer a otros lo que no quisiéramos que nos hagan a nosotros mismos. Dentro de este nivel, están las leyes que aplica un gobierno para castigar y prevenir actos de daños claros, como robos, engaños, fraudes, secuestros, asesinatos, terrorismo y similares. También como parte de este nivel básico están costumbres, reglas y acciones que juzgamos de cortesía y educación mínima.

Es decir, el amor tiene la capacidad de hacer entender la existencia y necesidad de leyes aplicadas por un gobierno, así como la existencia y conveniencia de hábitos y costumbres consideradas apropiadas.

En su segundo nivel, el amor nos mueve a tratar a los demás como quisiéramos ser tratados; ya no hay aquí el aspecto negativo de no hacer, sino el positivo de sí hacer. En este segundo nivel del amor es donde están las acciones humanas positivas, de iniciativa personal, como las obras de caridad hacia los demás, e incluso los actos de beneficio personal, como el dejar de fumar o el no tener dependencias de drogas.

Insisto en el poder del amor como principio central y primario para entender el papel de las leyes, de las costumbres, de las virtudes y valores, de todas las acciones humanas. El robo, visto algebraicamente, es un acto de amor negativo, al igual que una obra de caridad es una acción de amor positivo. Incluso, el amor puede hacernos entender que el respeto mostrado al dar el pésame a un amigo por la muerte de su padre, es un acto positivo pues significa el respeto a una costumbre que considera deber tratar a los demás como quisiéramos ser tratados.

Intenté justificar la inclusión del amor como parte de la esencia humana viendo qué sucedería si sólo fuéramos libres y con poder de razonar, pero sin el elemento amor. Sucedería algo muy sencillo, nuestra existencia sería terrible, pues no habría leyes que nos protegieran, ni amigos que nos ayudaran; no tendrían sentido las inversiones ni los ahorros y estarían permitidos los robos y fraudes. Sería una vida horrible, sin perspectivas positivas.

Todo porque ni las personas se aman a sí mismas, ni aman a los demás. Se cometerían los más grandes abusos contra otras personas y contra uno mismo, sin guía alguna que nos detuviera; habría daños, perjuicios y males sin fin, pues ningún freno existiría para detenernos. Sin amor, por tanto, la libertad y la razón tienen poco sentido. Del amor emanan las reglas de la libertad y de la razón; para ser libres y para usar nuestra razón, no hay más que respetar las reglas que parten del amor.

Digo que la libertad, la razón y el amor forman un elemento único en sí mismo y que uno no puede existir sin los otros dos, so pena de crear una existencia terrible para los seres humanos: gracias a la libertad podemos realizar decisiones, gracias a la razón podemos reflexionar, analizar y aprender de nuestras acciones, y gracias al amor podemos guiar esas acciones.  La libertad, por tanto, tiene como instrumento a la razón y ésta tiene como guía al amor.

Gracias a la libertad podemos elegir, gracias a la razón podemos aprender de acciones propias y ajenas, y gracias al amor podemos guiar esas acciones y elecciones. La libertad, quiero dejarlo claro, tiene como instrumento a la razón y ésta tiene como guía al amor. De alguna manera, esta es una visión de la naturaleza humana; somos seres muy especiales cuya esencia está formada por la libertad, la razón y el amor.
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