
Los partidarios del socialismo y del liberalismo difieren enormemente. Ambos persiguen el mismo objetivo, que es el de mejorar la vida de las personas, de todas ellas —pero su coincidencia termina allí.
Trabajan con el mismo objetivo, pero creen que para lograrlo se deben implantar políticas muy diferentes:
• Para el liberal, el poder debe ser equilibrado y debe confiarse en las personas —por eso proponen libertades políticas, económicas y culturales. Todo dentro de un sistema institucional con reglas que impidan un poder demasiado grande en el gobierno, las empresas y otras instituciones.
• Para el socialista, el poder debe concentrase en la autoridad política —es decir en el gobierno, quien centralizará acciones políticas, económicas y culturales.
Son dos caminos muy diferentes y que se separan en una bifurcación que pocos reconocen: la estrategia de cómo manejar el poder de cualquier tipo. Para el liberal, la estrategia del manejo del poder es su desconcentración. Para el socialista, la estrategia de manejo de poder es la de su centralización en el gobierno.

¿Por qué esa diferencia en las estrategias de manejo de poder? Hay muchas razones y una de ellas merece ser señalada expresamente —se refiere a puntos de partida distintos:
• El socialista piensa que el mercado libre es un juego de suma cero —todo lo que alguien gana significa que otro lo ha perdido.
• El liberal cree en lo opuesto —en un mercado libre todos ganan, es un juego de suma positiva.
Conciente o inconciente, esos dos diferentes puntos de partida son una de las causas de fondo en la oposición entre liberales y socialistas. Si fuese cierto que un mercado es uno de suma cero, los socialistas y sus opiniones tendrían la razón: habría que tener un órgano en extremo poderoso para evitar o minimizar las pérdidas de una de las partes. Y lo contrario, si los liberales tienen razón y todos ganan, entonces lo que debe hacerse es dejar libres a las personas bajo un sistema de reglas justas de intercambio.

¿Quién tiene la razón —socialistas o liberales? Hay maneras de contestar esa pregunta: partiendo de los efectos que tendría cada uno de los puntos de partida:
• Si el socialista tiene razón eso por obligación significaría que nada puede crearse, que la riqueza, los bienes, los recursos son estáticos y lo han sido desde el inicio de la existencia humana. Es inevitable esta conclusión, ya que si uno gana lo que el otro necesariamente pierde, todo permanece estático, sin creación adicional posible.
• Si el liberal tiene razón, ello significaría lo opuesto: la riqueza, los bienes, los recursos pueden crearse y aumentar. Si en un mercado libre ambas partes ganan al realizar intercambios voluntarios, esa suma positiva lógicamente supone la elevación de esa riqueza.
Responder esa interrogante puede hacerse por dos métodos —el empírico, que muestra la realidad visible y tangible para todos; y el abstracto, que usa un razonamiento con lógica interna.
Es una realidad tangible que existe mayor riqueza ahora que antes. La posición actual del mundo es sin duda superior a la existente en tiempos pasados —compárese la existencia de las personas en el siglo tercero AC, con la vida en el siglo 18 de nuestra era, o con la actual. En una
columna (Diario Exterior.com), Johann Norberg dijo:
Imagina por un momento como hubiera sido esta mañana si estuvieras 150 años atrás. No tendrías luz eléctrica, agua potable ni sanidad de vivienda. No hubieras podido ir al trabajo en carro, autobús, ni tren. No hubieras podido utilizar el computador, el cual efectúa cálculos que tomarían décadas en papel y lápiz... En los últimos 100 años hemos creado más riqueza que en los 100,000 años antes de eso y no porque estamos trabajando más. Al contrario: en el último siglo, las horas de trabajo han sido reducidas a la mitad en el mundo occidental debido a que nuevas ideas nos han permitido trabajar con más inteligencia para encontrar maneras más fáciles de satisfacer nuestras demandas y necesidades.
No creo necesario expandir esta demostración empírica que se inclina fuertemente a apoyar la opinión del liberal —un mercado libre es un juego positivo en el que todos ganan y por ello se crea riqueza. El socialista, por tanto, piensa que para construir una casa más debe destruirse alguna otra —todos los días se ve que eso es una mentira.

Queda pendiente la otra demostración, la abstracta que pretende demostrar que los intercambios voluntarios sólo se realizan si ambas partes ganan. El socialista, si presupone que lo que alguien gana otro pierde, tendría que aceptar que las personas están dispuestas voluntariamente y de manera consistente a empeorar la situación en la que viven —una posición en extremo ilógica: es muy difícil aceptar que la gente ambicione empeorar su situación inicial realizando intercambios voluntarios.
La posición del liberal es lógica y congruente con la naturaleza humana —quien acepta realizar un intercambio de forma deliberada debe hacerlo bajo la expectativa de mejorar su posición. Cometerá quizá algún error pero su intención es obligadamente la de superar en alguna medida, por pequeña que sea, su situación.
La intención de mejora personal supone a su vez la existencia de bienes que tienen esa capacidad —si esos bienes no existieran, la mejora sería imposible. Así se hace necesario explorar qué hace posible la existencia de los bienes, que no son dados gratuitamente en la naturaleza. Deben ser creados y ese quien los crea y hace disponible suele ser llamado empresario o emprendedor —un tipo que sólo puede mejorar su situación en un intercambio si la otra parte está dispuesta a adquirir el bien que él ofrece.
Lo antes dicho es otra demostración de la mayor verdad que asiste al liberal ahora en este terreno abstracto —lo que adicionado al campo empírico señala que el liberal parte de un supuesto mejor.
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