De los varios relativismos que pueden existir, uno de ellos es el más llamativo y popular —me refiero a lo que puede llamarse relativismo moral. Una definición de relativismo moral puede ser la siguiente.
Es la creencia que da igual valor, legitimidad, importancia y peso a todas las opiniones morales y éticas, con independencia de quién, cómo, cuándo y dónde se expresan. Se trata de una igualación absoluta de toda opinión ética o moral entre las que se cree que no existe jerarquía posible. Todas son verdaderas y dignas de igual respeto.
La jerarquía que niega el relativismo moral es la que establecería la clasificación de opiniones morales o éticas en categorías como: bueno-malo, o peor-malo-bueno-mejor, a las que juzga irrelevantes. Por esta causa, dice el relativismo moral,
es imposible afirmar si una opinión moral expresa algo bueno o malo.
La contradicción del relativismo moral debe ser ya aparente —comete un error, el de decir que es malo juzgar a las opiniones morales o éticas: es decir, al final emite un juicio moral jerárquico. La contradicción consiste en decir que es reprobable decir que existen opiniones reprobables y que es bueno decir que no hay opiniones buenas.

A pesar de que la contradicción interna del relativismo moral es suficiente como para descartarlo, debe ser aceptado que él goza de popularidad y aceptación, lo que tiene un efecto fuerte: creer que no existe ningún criterio externo y objetivo que pueda usarse para calificar acciones humanas. —todas ellas son igualmente valiosas.
En lo anterior he usado las palabras “ético” y “moral” como equivalentes —lo que no necesariamente es real, ya que entre ellos pueden establecerse diferencias.
Lo ético hace generalmente referencia a distinciones entre lo bueno y lo malo usando criterios que son racionales —es decir, funciona con independencia de influencias religiosas. Por el contrario, lo moral es derivado de creencias religiosas que suponen la existencia de una Divinidad.
Lo ético, a su vez, es posible de dividir en dos direcciones que son muy distintas. Una de ellas supone como ciertos algunos supuestos no demostrables, de los que parte, como la igualdad humana y su dignidad, de lo que deriva conclusiones que son reglas éticas, como lo reprobable de la esclavitud (una conclusión a la que el relativismo moral no podría llegar teniendo que aceptar a la esclavitud sin limitaciones).
La otra dirección de lo ético toma un enfoque que ignora la existencia de grandes supuestos y se enfoca a la creación de reglas pragmáticas de convivencia entre humanos —de allí que su búsqueda de reglas éticas sea más sujeta a casos específicos en los que se buscan acuerdos que eviten lo que alguien pudiera considerar una imposición.
Las reglas pragmáticas de caso por caso contienen una buena dosis de relativismo al carecer de guías o criterios externos —por ejemplo, al depender de la opinión pública para solucionar opiniones divergentes: un referéndum podría ser usado para aprobar o reprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo. Su énfasis central está en encontrar salidas intermedias entre opiniones opuestas, que satisfagan a ambas partes.
El problema de la dirección ética que se basa en el estudio de cada caso es natural: será posible encontrar reglas contradictorias, que es lo que le sucede al relativismo moral. Podrá aceptar, por ejemplo, que en un lugar sea válido el aborto y en otro lugar no lo sea. E incluso intentar la búsqueda imposible de posiciones intermedias entre aceptar la esclavitud o no aceptarla.
Lo ético que parte de la aceptación de principios absolutos, se parece en buena forma lo moral, pero con una gran diferencia: lo moral parte de la creencia en una serie de principios religiosos que son absolutos y fijos, de los que se derivan reglas morales que se aplican a la realidad diaria. Los Diez Mandamientos bíblicos son un buen ejemplo, pues son reglas dadas por Dios mismo.
Lo moral, a pesar de su apariencia de total absolutismo de reglas, contiene una buena dosis de intervención humana, dedicada a encontrar la aplicación de esos mandatos a situaciones específicas —lo que permite glosas e interpretaciones que pueden variar, pero que distan mucho de la posición relativista que negaría la existencia de lo ético y lo moral.
Lo que he tratado de hacer es dar una definición de relativismo moral y mostrar su debilidad interna —además de posiciones opuestas a ella: lo ético y lo moral, adicionando la existencia de una posición de lo ético que se acerca peligrosamente al relativismo.
El relativismo, en su consecuencia lógica, lleva a concluir que lo moral y lo ético son irrelevantes y deben ser sacados de toda discusión porque toda decisión humana es moral y éticamente igual, sin que puedan establecerse diferencias. Más aún, lleva a la conclusión de que toda religión es también irrelevante.
Si bien como se mencionó antes, el relativismo moral posee una contradicción interna imposible de resolver (dice que es bueno que no existan calificaciones de bueno), también tiene otras consecuencias dignas de apuntar —por ejemplo, en el terreno político haría imposible una reprobación de regímenes como el nazismo.
Nota del Editor
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